Liderazgo consciente: 9 propósitos para coordinar equipos sociales sin estrés (o «sin quemarte»).
Seamos sinceros: coordinar un equipo social es, a veces, una profesión de riesgo emocional.
Si intentas explicarle tu día a día a alguien que trabaja en una oficina de marketing, te mirará raro. Porque por fuera parece que «gestionas proyectos», pero por dentro lo que haces es sostener.
Sostener a esa técnica que viene quemada de una intervención, sostener una decisión sin presupuesto, o sostener ese conflicto en el equipo que huele a cerrado porque nadie abre la ventana.
Y aquí va la primera «bofetada» con cariño: en el tercer sector coordinamos como aprendimos a montar en bici: dándonos el porrazo primero. Aprendemos por ensayo-error, pero cuando el «error» son personas, la herida escuece más.
Este post no es para que te sientas culpable. Es una mini-consultoría para que este año pases del modo «supervivencia» al modo «conciencia».
Pero, ¿ qué narices es eso del liderazgo consciente?
Olvídate de inciensos y de levitar en la oficina. Para mí, el liderazgo consciente es simplemente esto: dejar de reaccionar como un muelle y empezar a elegir cómo respondes.
No es ser perfecto. No es ser un gurú. Es, básicamente, no liderar con el «piloto automático» puesto. Porque en lo social, si te descuidas, el piloto automático te lleva directo a:
- Convertirte en un bombero profesional (apagando fuegos 24/7).
- El micromanaging (revisar hasta las comas de los informes ajenos).
- Reuniones que podrían haber sido un mail… o un silencio terapéutico.
Antes de los propósitos, tres «verdades del barquero»:
- No eres el Salvador/a: Si el proyecto solo sale adelante porque tú te dejas la piel, el proyecto está mal diseñado. Punto.
- Menos épica y más marco: Tu equipo no necesita que lleves capa, necesita que pongas límites, prioridades y claridad. El sacrificio no es una estrategia de gestión.
- Liderar cansado es peligroso: Cuando estás agotado, escuchas como un muro de hormigón y cualquier duda del equipo te parece un ataque personal. Autocuidado no es irte al spa; es una herramienta de trabajo.
9 Propósitos (realistas) para tu día a día
He seleccionado estos nueve. No intentes aplicarlos todos a la vez o te dará un parraque. Elige dos y empezamos a hablar.
1. La claridad es amor (aunque sea incómoda)
A veces, por ser «buena gente», no decimos las cosas claras. Y no hay nada que queme más a un equipo que no saber qué se espera de ellos.
- Reto: Una vez a la semana di en voz alta: «Esto es lo más importante, esto puede esperar y esto directamente NO lo vamos a hacer». Verás cómo baja la ansiedad del personal.
2. Gestionar el ritmo (el café no es gasolina infinita)
El entusiasmo se agota. El ritmo de trabajo también se gestiona, igual que el presupuesto.
- Truco: Pasa el «Semáforo de carga» en las reuniones. Si todos están en rojo, no es momento de proponer una nueva metodología de intervención innovadora. Es momento de respirar.
3. Escuchar sin el cuchillo entre los dientes
Escuchar no es esperar a que el otro calle para soltar tu solución.
- La pregunta mágica: «¿Qué necesitas ahora: que te escuche, que busquemos una solución o que decida yo por ti?». Ahorra un tiempo precioso.
4. Delegar sin «soltar el muerto»
Delegar no es tirar una piedra y salir corriendo. Es dar autonomía pero dejando el GPS encendido. Acordad qué es «un buen trabajo» antes de empezar.
5. El conflicto se saca del pasillo
En las entidades sociales somos expertos en evitar conflictos «por no hacer daño». Y al final, el conflicto se queda a vivir en la máquina de café.
- Consejo: Si hay ruido, llévalo a un espacio cuidado. «Saco este tema porque me importa el equipo». Esa frase abre puertas blindadas.
6. Protege tus 30 minutos de gloria
Si no piensas, repites. Y si repites sin pensar, te estancas. Blindar 30 minutos a la semana para preguntarte: ¿Qué conversación estoy evitando?, te ahorra tres horas de incendios después.
7. Mide la temperatura humana
No todo son indicadores de impacto social para la subvención. Si tu equipo tiene miedo o está desconectado, el impacto será de cartón piedra. Pregunta, aunque sea de manera informal: ¿Qué es lo que más te está pesando hoy?
8. Poner límites «hacia arriba» (el arte de decir NO)
Coordinar es traducir la presión de «arriba» (la junta, el sistema, la administración) para que no aplaste a los de «abajo».
- Pro tip: «Con estos recursos podemos llegar a esto. Si queremos más, necesitamos más manos». No es queja, es realismo mágico (bueno, más realismo que mágico).
9. Tú también eres parte del equipo
Si tú te rompes, el mapa se pierde. Asegúrate de tener alguien externo con quien hablar (supervisión, mentoría) y un horario de corte. El mundo no se va a acabar porque no mires el correo a las 21:00, prometido.
«Vale, Javi, muy bonito… ¿por dónde empiezo?»
No te agobies. Hagamos un trato: Prueba dos semanas.
- Semana 1: Implementa el semáforo de carga y define 3 prioridades claras.
- Semana 2: Delega una tarea de verdad (con su checklist) y atrévete a tener esa conversación que llevas semanas esquivando.
Liderazgo consciente no es hacerlo todo perfecto y con una sonrisa de anuncio. Es hacerlo con intención. Es cuidar la misión sin sacrificar a las personas (empezando por ti).
